El impacto de los aranceles de Trump
¿Impide la entrada a este mercado de todos los sectores o hay algunos más perjudicados que otros, como automoción, que todavía puede exportar a través de México?
La política arancelaria de Donald Trump ha generado una fuerte preocupación en Euskadi, dado que Estados Unidos es uno de sus principales destinos exportadores. La relación comercial con el mercado estadounidense, clave para numerosos sectores industriales, se ha visto tensionada por una estrategia que introduce nuevas barreras al comercio internacional.
El impacto, sin embargo, no es homogéneo. Más que un bloqueo total, los aranceles configuran un sistema de barreras selectivas que afecta de forma desigual a los distintos sectores productivos.
La siderurgia es la gran perjudicada. El arancel del 50% aplicado al acero y al aluminio provoca una pérdida de competitividad casi absoluta y cierra de facto el acceso al mercado estadounidense. A este golpe directo se suma la presión indirecta del acero chino desviado hacia Europa, que intensifica la competencia y estrecha aún más los márgenes del sector.
Los bienes de equipo y la máquina-herramienta tampoco escapan al impacto. Sufren una “doble carga”: un arancel directo del 15% sobre el producto final y componentes de acero gravados hasta en un 50%. Esta situación ya se refleja en una caída del 23% en los nuevos pedidos en 2025, señal de un claro enfriamiento de la demanda.
En contraste, la automoción resiste mejor gracias a su implantación productiva en Norteamérica.
El traslado de las últimas fases productivas a México ha permitido hasta ahora acceder al mercado estadounidense bajo el paraguas del Tratado comercial Estados Unidos–México–Canadá, esquivando los aranceles más severos. No obstante, esta estrategia está amenazada por la revisión del acuerdo en 2026 y por el endurecimiento de las reglas que permiten considerar un producto parcialmente fabricado en México como de origen mexicano y, por tanto, beneficiarse del acuerdo.
La retórica de Trump añade incertidumbre y obliga a las empresas a elegir entre invertir más en Estados Unidos o diversificar mercados.
Me atrevería a añadir que dentro de esa estrategia de diversificación de mercados, el acuerdo UE-Mercosur permite acceder a nuevos mercados, con un acuerdo de libre comercio (con lo que esto supone y he explicado antes). Y por otra parte, quizás empezar a pensar como nuevos mercados objetivo, países de Asia-Pacífico, como Arabia Saudí (material ferroviario), y el Sudeste Asiático (energías renovables).
Se trata en definitiva de una diversificación (como clave de resiliencia) hacia mercados alternativos, que son nuevos focos de crecimiento (nota: me encantaría poder explayarme más en mi visión sobre el llamado «Sur Global», pero no puedo).

