Transición energética y sostenibilidad.
La urgencia de mitigar el cambio climático está transformando las reglas del comercio internacional. En los próximos años, políticas verdes y regulación ambiental influirán en qué, cómo y con quién se comercia. La Unión Europea lidera este campo con iniciativas como el Pacto Verde y el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), un arancel ambiental que gravará desde 2026 las importaciones de productos intensivos en carbono (acero, cemento, aluminio, fertilizantes, etc.) provenientes de países con estándares climáticos más laxos. Si bien el objetivo del CBAM es evitar la “fuga de carbono” e incentivar estándares más verdes a nivel global, su aplicación genera inquietudes. Se anticipan efectos secundarios como pérdida de competitividad de exportadores extranjeros, impacto negativo en economías vulnerables y posibles represalias comerciales de socios que lo consideren un proteccionismo encubierto. De hecho, la aparición de “aranceles verdes” y subsidios a industrias limpias (como los masivos incentivos de EE.UU. bajo la Ley de Reducción de la Inflación) ha desatado una “guerra de subsidios” entre potencias, añadiendo tensión al sistema comercial. Unión Europea y EE.UU. buscan garantizar el suministro de tecnologías limpias domésticamente, lo que podría distorsionar la competencia internacional en sectores como energía solar, baterías eléctricas o vehículos eléctricos.
A pesar de esos roces, la transición energética trae también nuevas oportunidades de comercio. La demanda global de minerales críticos –litio, cobre, níquel, cobalto– se disparará conforme el mundo expanda las energías renovables, la electromovilidad y el almacenamiento de energía. Este auge abre oportunidades especialmente para América Latina, rica en varios de esos recursos. Países como Chile, Perú, Argentina o Brasil podrían beneficiarse del aumento sostenido en la demanda de minerales estratégicos, siempre que desarrollen proyectos de extracción sostenibles y con valor agregado. En paralelo, la proliferación de energías limpias está cambiando los flujos tradicionales: se espera menor comercio de combustibles fósiles en el largo plazo y mayor intercambio de equipos de energía renovable, servicios ambientales y conocimientos tecnológicos verdes.
También el concepto de economía circular gana terreno, promoviendo el reciclaje y la reutilización; esto podría reducir la necesidad de importar materias vírgenes y generar nuevos nichos (por ejemplo, comercio de materiales reciclados y tecnologías de gestión de residuos). Unión Europea impulsa normativas de economía circular que posiblemente obliguen a los exportadores a cumplir estándares de sostenibilidad en empaques, plásticos y procesos productivos. América Latina, como proveedor de alimentos y manufacturas, deberá adaptarse a estas exigencias para seguir accediendo a mercados premium, adoptando certificaciones verdes y reduciendo la huella de carbono de sus cadenas exportadoras. En suma, entre 2025 y 2030 el comercio estará atravesado por la sostenibilidad: quien no internalice los costos ambientales en sus productos enfrentará crecientes barreras, mientras que quienes innoven en verde podrán ganar ventaja competitiva en un mundo más consciente del clima.

